La magia del té y el café a la francesa: rituales, aromas y maridajes perfectos
- Grupo Seratta
- 19 dic 2025
- 2 Min. de lectura
El ritual del té en Francia es una experiencia que combina delicadeza, elegancia y placer sensorial. Aunque el té no forma parte del patrimonio francés de forma tan profunda como el vino o el café, ha ganado su propio lugar en la cultura gastronómica, especialmente en espacios dedicados a la pastelería y los encuentros sociales.

Este ritual se popularizó en el siglo XIX, cuando las damas parisinas comenzaron a reunirse en salones elegantes para compartir té, pasteles y conversación. A diferencia de la ceremonia inglesa, el té francés es más flexible y está profundamente vinculado con la repostería fina. Es una ocasión encantadora para disfrutar sabores suaves y momentos íntimos.
La selección de té o el café es fundamental. En Francia suelen preferirse variedades aromáticas como el Earl Grey, el té verde con notas florales, las mezclas con frutos rojos o los clásicos tés negros especiados. Cada uno ofrece una experiencia distinta que puede realzarse con el acompañamiento adecuado.
El maridaje es otro aspecto fascinante. Los tés cítricos combinan de maravilla con tartas de frutas, mientras que los tés negros resaltan el sabor de chocolates y postres con caramelo. Para quienes buscan algo ligero, un té verde con jazmín puede acompañarse de macarons o galletas de mantequilla.
En Marie Antoinette, el ritual del té es una experiencia cuidada al detalle. Vajillas elegantes, infusiones seleccionadas y postres elaborados crean un ambiente perfecto para una tarde especial. Es una invitación a desconectarse del ritmo acelerado y a disfrutar un momento propio.
La ambientación del lugar complementa la experiencia: luces cálidas, música suave y una atmósfera que recuerda a los salones franceses del siglo XVIII, pero con un toque moderno que lo hace acogedor y encantador. Tomar el té aquí es casi un viaje en el tiempo.
El té a la francesa es, en esencia, una celebración de la calma, de la conversación pausada y del placer sensorial. Es un ritual que encuentra en Marie Antoinette el escenario perfecto para vivirlo en toda su belleza.




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